Óleo de mujer con sombrero (Silvio Rodríguez)



Una mujer se ha perdido
conocer el delirio y el polvo,
se ha perdido esta bella locura,
su breve cintura debajo de mí.
Se ha perdido mi forma de amar,
se ha perdido mi huella en su mar.

Veo una luz que vacila
y promete dejarnos a oscuras.
Veo un perro ladrando a la luna
con otra figura que recuerda a mí.
Veo más: veo que no me halló.
Veo más: veo que se perdió.

La cobardía es asunto
de los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan a amores,
ni a historias, se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar,
ni el mejor orador conjugar.

Una mujer innombrable
huye como una gaviota
y yo rápido seco mis botas,
blasfemo una nota y apago el reloj.
Qué me tenga cuidado el amor,
que le puedo cantar su canción.

Una mujer con sombrero,
como un cuadro del viejo Chagall,
corrompiéndose al centro del miedo
y yo, que no soy bueno, me puse a llorar.
Pero entonces lloraba por mí,
y ahora lloro por verla morir.

Silvio Rodríguez

 

Ojalá (Silvio Rodríguez)


Ojalá

Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan
para que no las puedas convertir en cristal.
Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo.
Ojalá que la luna pueda salir sin ti.
Ojalá que la tierra no te bese los pasos.

Ojalá se te acabé la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá pase algo que te borre de pronto:
una luz cegadora, un disparo de nieve.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre
en todos los segundos, en todas las visiones:
ojalá que no pueda tocarte ni en canciones

Ojalá que la aurora no dé gritos que caigan en mi espalda.
Ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz.
Ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado.
Ojalá que el deseo se vaya tras de ti,
a tu viejo gobierno de difuntos y flores.

Silvio Rodríguez

El muro...


Bocas que muerden bocas
y dos cuerpos contra un muro
que gimen
que lamen alientos
ambos cuerpos contra el muro.
Contra el muro son un cuerpo.

Cuerpos amurados
cuerpos clandestinos.
Sólo uno,
un solo cuerpo
que es el tuyo con el mío.

Mi cuerpo abrazado mordido
ardido y amado
violada la cáscara del dulce pecado
se enciende y se crispa
se quema se muere renace y estalla.
Un muro y un cuerpo
el tuyo y el mío.

Dos lenguas de fuego
que sangran y lamen
tu cuerpo
mi boca
tu muro
y el mío.

Manos
que suben y abarcan
que aprietan que lamen
que muerden y besan
que rasgan y bajan.

Sexos
que anuncian mil lluvias
que encienden mis soles
e invocan tus truenos.

Cuerpos que llueven
bocas que abarcan
manos que muerden
muros que truenan.

De a dos los deseos
ardidos quemados alzados
y un eco en mi boca
tu cuerpo en el mío
tus manos de lluvia
y mi cuerpo mordido.

Tu cuerpo
en mi cuerpo.
Tu cuerpo y el mío
y en el mío tu cuerpo...
En mi cuerpo
en mi boca
en mis manos
tu cuerpo.
Y en el mío,
tu lluvia.

Tu boca
y el muro.
Mi boca que bebe
tus besos que llueven.

Mariel

Trashumante...


Soy un claro de luz que ha quedado en el olvido y la huella temblorosa que mis pies abandonaron, erráticos caminantes de ilusiones y de palabras.

Soy la noche que de a poco se desprende de los sueños ya gastados y se apropia con esmero de los sueños no soñados.
Soy el agua dormida de los charcos que añora la sutil opulencia de la nube o el opaco silencio de la bruma.
Soy la cara misteriosa de la luna. La que calla y le sonríe a la oscura frontera de la nada.

Soy, en fin, un alma trashumante que habrá de escaparse alguna noche para volver más sabia una mañana...