Punto de fuga (y vuelta)


En la opulenta soledad
de mí misma
encuentro el refugio
y también el desamparo,

y los cepos

y la horca

y la locura.

Y en el límite de todo,
en el climax del espanto...

el orgasmo que libera,
que restaura,
que acaricia,

que me da un poco de paz.

Dolores, consuelos
y la muerte arrepentida.

Es el alma y es la bestia
que trabajan a destajo.


Las arenas del alma...


¿Adónde irán las palabras que dijimos, los silencios compartidos, los besos postergados, los abrazos añorados?

Quiero imaginar que son parte del aire, que vuelan con los gorriones o que vagan blandamente sobre las nubes más blancas.
Tal vez se mecen en trigales dorados o quizás sueñan mis sueños entre las sábanas de mi cama...

Duele la incerteza, la angustia de pensar que ya no hay nada por hacer, que se han perdido para siempre las caricias demoradas y que por el apuro por vivir se deshacen las huellas en las arenas del alma.

La mujer ausente...


Mis pasos no resuenan como antes, no son firmes ni seguros. No dejan huella ni marcan senderos. No sé incluso si están vivos...
Mi voz se pierde entre las sombras de estos cuartos tan vacíos y mis manos que están frías, están quietas, casi yertas...

Hay silencio en derredor.
Es la quietud de la soledad que va dejando tanta muerte, tanta ausencia repentina, tanto amor desperdiciado...

La muerte se ha robado hasta mi nombre, la dulzura que he sentido, lo más bello y la ternura...

Será mi turno algún día, alguna tarde, alguna vez...
Será la despedida y ya no temo...


Ciclos...


Tantas veces ya he salido,
tantas más he vuelto a entrar.
Sólo soy una partícula
preparándose a viajar
a mi próximo futuro,
al pasado que olvidé.

Soy destello imprescindible
de éste cosmos sin fronteras,
pues sin mí no será igual
la conciencia, el infinito
o el futuro mes de abril.

Soy mujer y he sido hombre,
perro, pan, estrella, hormiga;
un cristal de fina escarcha
en antiguas madrugadas.

Tal vez llegue a ser un ave,
árbol, nube o mucho más:
un suspiro universal.

Te pariré, me parirás;
serás agua, yo raíz.

Llegaremos juntos siendo uno,
siendo un círculo perfecto,
siendo el todo primordial.




Y sin embargo, amor...


Cada noche muere de mí
un milímetro de piel,
una luna menguante,
una hoja de otoño.

Cada letra dibujada
al descuido en mi espejo
es un disparo certero
a mi escuálido almanaque,
un brillo dormido en mis pupilas,
un segundo atormentado
que en mi único reloj
se ha suicidado.

                 Y sin embargo, amor…

Breve historia de muerte y resurrección...


Esa tarde se sintió inmersa en un espeso magma de sensaciones confusas. No entendía las señales que solapadamente le enviaba el cuerpo y la multitud de mitologías que su mente creó y recreó hasta el cansancio. No conectaba con sus íntimos deseos, esos impulsos tantas veces exultantes y tantas otras acallados. Estaba confusa e inquieta. Desordenada, dividida, esparcida, atomizada...

Hubo una tarde tormentosa piel adentro que nunca nadie comprendió, que nunca nadie percibió ni sospechó ni preguntó...

Sin un gesto de más y unos cuántos de menos se hizo silencio en el silencio, se hizo distancia inabarcable. Guardó en su bolso cada dolor y cada sonrisa perdida, los resabios de un amor desconocido, un pañuelo perfumado y el diario íntimo que nunca se animó a empezar. Suspiró leve y volvió la mirada hacia lo que ya era pasado. No quería memorias, sólo quiso desprender de su mirada lo que no volvería a recordar. Quedó una última lágrima en la tierra agrietada y lentamente su sombra y ella se fueron juntas para no volver...

Nunca supe despedirme...



Allí afuera anda, corre y habla; calla, ríe y llora, se disuelve la vida en las esquinas sombrías...
Aquí se aquieta la noche esperando que un día se aleje de mí tanta muerte y el espeso silencio de las voces de antaño.
De a poco se borran las risas pequeñas que guardaban tus fotos ¿o será que mis ojos ya no soportan la helada garúa de estas noches de ausencias?

Hoy no comprendo las voces de siempre que nombran mi nombre, las que olvidan llamarte de nuevo o las que nunca supieron decir otra cosa que no fuera lo obvio de ocasión...

Están los miserables que desbaratan los sueños y los que con sus sueños se fueron lejos. Tan lejos de mí que ya me lastima; fugaz parpadeo de la vida, profundo bostezo de la muerte.

Llegará otra mañana, es lo que dicen.
Llegará para qué, yo me pregunto...

Abriré los ojos y cerraré el alma. Tal vez así tu ausencia no duela tanto y haré de cuenta que sigo viva...

Ni amor en las venas...




un dios
un hombre
un mismo destino
son sombras esquivas
que nublan la vida.

un mes
un día
un poco de nada
es mueca es guiño
o un gesto cansado.

no hay agua en la arena
no hay risa ni pena
ni amor en las venas
ni hay balas perdidas.

no hay verdades completas
ni mentiras a medias
no hay lealtades ni honores
ni justicia ni edén.

el bien
el mal
el dueño del circo
la cruz
la metralla
el trigo cautivo.

un fusil que dispara
es un ticket de caja
la salud la poesía
son un bien de mercado.

alá
jehová
son meras palabras
espejismos del miedo
cristo en celuloide
y momo en el corso.

la bala
un misil
un barril de petróleo
una onza de opio
una mesa sin pan.

no hay dios
no hay hombres
hay héroes de lata
hay sangre barata
hay hambre y hay ratas.

el bien
el mal
el dueño del circo
la cruz
la metralla
el trigo cautivo.

Esto lo escribí espontáneamente. Hacía un buen rato que tarareaba mentalmente la hermosa canción de Tom Jobim, "Aguas de março". Más precisamente en esta versión de él mismo junto a la gran Elis Regina...
Iba escribiendo al ritmo que repiqueteaba en mi cabeza y surgían ideas sobre las guerras y las desgracias de este mundo que nos tocó en suerte...
Faltan los signos de puntuación. Lo hice así para intentar respetar el ritmo de la melodía.

Rastros...


Si ves luz en mi ventana
en las horas indecisas,
en las noches enfermizas
y en la espalda de la luna,
no supongas un desvelo
ni un dolor descontrolado.

No imagines soledades
ni tristezas consecuentes.

Sólo estoy dejando un rastro,
una estela luminosa
que te guíe con dulzura
hasta el centro de mi pecho,
hasta el borde de mis brazos.

Leyes del Mercado: Oferta, demanda y demandados...


¿Qué oferta y qué demanda
habrá hoy por una flor?
¿Cuánto ofrece el mercado
por cien gramos de poesía
o dos fetas transparentes
de igualdad ante la ley?

Hoy en Londres está en baja
la onza troy de la esperanza.

Las tetas secas de una madre
se declaran insolventes
y ya entraron en "defalut".

¿Qué será lo que conmueva
las murallas de Wall Street?

¿Cotizará algún día
una gota de tu sangre?
¿Cuánto vale?
¿Cuánto importa?
Quizá un vaho de petróleo,
dos lágrimas de cocodrilo.
¿Tres monedas en la fuente?

La impudicia cerró en alza.
La indecencia y la avaricia
siguen siendo buen negocio.

"It's okey", todo está en orden
y así el mundo sigue andando
entre guerras y dow jones.

Con el alma satisfecha
y cristiana devoción,
el magnate financiero
(hijo probo, padre ejemplar
y filántropo de ocasión)
le da gracias al Señor
por el pan que hay en su mesa
y sus treinta credit-cards...

Palabras por tu ausencia...


Tras un atisbo de luz,
un abismo de sombras
y esa lágrima que hoy se seca
en un brazo de tu cruz
como daga ardiente hiere,
como rayo quema el pecho.

Y el amor aún te nombra.

Sutil es la distancia
que separa y que silencia.
No son horas ni horizontes
ni memorias que olvidar.

Son palabras nunca dichas
y es la ausencia de miradas.
Son las risas repentinas
que perdimos de reír.

Y mi amor que aún te nombra...