Versos por mi ausencia...


Habrá una mañana desvanecida,
(melancólica bruma)
dos pétalos de flor silvestre
que me aromen las mejillas
y un gorrión adormilado
que cante por mi ausencia
una especie de rezo tierno
abrazado a algún suspiro.

Me iré despacio,
me iré sencillo.
Pasarán mis pasos
como el agua del río
que dice y se va,
que llora y no vuelve.




Vidas de cristal...


Me he ido alguna vez, aunque nunca me haya ido, dejando retazos de mi sombra esparcidos en mil espejos. Sombras latentes detrás de los muros, enmarcadas, demacradas, silenciosas.
Esperan mi regreso cada mañana y ya por las noches se desvanecen de pena y de ausencia.

En la inquietante profundidad de los cristales he dejado migajas de vida y algún impreciso indicio para mi muerte, misteriosa y muda compañera que siempre aguarda agazapada, persistente y voraz.

El día que yo me vaya se irán conmigo todas mis sombras y ninguna luz y los espejos que habité serán el nido de otras almas, de otras penas que olvidar, de las fugaces siluetas de otras vidas por vivir. Tal vez sea yo misma quien vuelva algún día, sin memorias antiguas que temer ni lágrimas secas en las pestañas...

La mujer espejada...


Es así como siempre estás,
en tu silencio antiguo
y con la lejana mirada
del que mira sin ver nada.

Así estoy yo en tu ventana.

Cubierta apenas
con ausencias impalpables,
como Dios, como la espera.
En el fondo ambiguo
de un espejo muerto
y en la espalda de mi espalda.

Te veo en mí a la distancia
como a aquella extraña,
la del rostro oculto
en la cruz de mis entrañas
que se muere por reír
y no ríe por vivir.

Sal de allí
y vuelve a mí
que hay memorias por vivir
y hay historias que escribir,
que hay recuerdos que evocar
y hay amores por parir...

Mariel