Por dentro...


Se esfumaron los sonidos de todas las voces y así, a esta hora, la mía ya parece sin sentido.
Creo que mi alma se fugó esta noche o tal vez se haya ahogado en la viscosa marea de las penas.

Camino por la breve y delgada tangente de este universo imperturbable. Hace frío aquí abajo y como puede, el corazón resiste la escarchada sangre poblada de ausencias.

Salitre que lastima, brumas, fantasmas y la luna que, ya sin luciérnagas, se fue de mí.

Y el miedo que me acecha en cada rincón...


Recurrencias...


Nada cambia en realidad.

Mil encrucijadas
y un horizonte gastado.
La misma piedra en el camino,
la misma flor, el mismo cielo.
La tristeza remanida
en los campos desolados,
dos sencillas alegrías
y un deseo ya olvidado.

Y nada cambia, en realidad.

Un día que sucede a otro,
una ilusión perdida y sola
y el descubrir ya sin asombro
que hay poca cosa con sentido.

Los atardeceres adormecidos
que se escurren en silencio...

y yo atada a una estrella.


Los ciclos de la conciencia...



Tantas veces ya he salido,
tantas más he vuelto a entrar
y hoy soy sólo una partícula
preparándose a viajar
a su próximo futuro.

Soy destello imprescindible
de éste cosmos sin fronteras
pues sin mí nada existe.
Ni conciencia ni infinito
ni el futuro mes de abril.

Soy mujer y he sido hombre,
perro, pan, estrella, hormiga;
un cristal de fina escarcha
en lejanas madrugadas.

Quizás también seré gusano,
árbol, nube o algo más:
un suspiro universal.

Te pariré y me parirás;
serás agua y yo raíz.
Llegaremos juntos siendo uno,
siendo un todo hasta el final.
O tal vez hasta el principio.

Poco a poco...



Van muriendo los días detrás de tí y por delante de mí. No existen las urgencias, sólo tu ausencia y mi perpetua nostalgia.

Los vientos de la muerte se robaron las horas, los años. Pero en el profundo y negro cielo de la noche está tu voz y está tu luz. Y es allí donde tal vez otros mundos sean posibles, con verdades más tiernas y realidades que se puedan inventar. Mundos intangibles que parezcan fantasías, sin dolores y sin olvidos; sin ausencias...

Allí volveremos a ser felices, jugando eternamente en los infinitos hologramas de la infancia, replicados por siempre en la piel intangible del universo. Pero hoy me desgarra la pena...

En el mientras tanto voy viviendo despacio para que me alcances y muero poco a poco para reencontrarte...




Gritos silenciosos...


Cuando el tedio ya se arrastra
desde el sur de los sueños rotos
hacia el norte inmutable
de la fiel desesperanza,
hacia la mohosa cueva
donde suelen refugiarse
las agrias coordenadas
del espanto cotidiano.

Cuando se asustan las luces
por la noche o por la nada.

Cuando se evapora la calle
y las horas son puñales.

Cuando ya no hay rincón
ni hay esquinas ni cavernas
donde quede alguna voz,
una risa a todo grito
o siquiera un llanto amargo.

Cuando el aire adormecido
mata el sol a dentelladas

y el cielo calla,
y el cielo reza,
y el cielo muere
sin saberlo y sin decirlo.

Cuando el mundo ha estallado
entre orgías de dolor
y onanismo de principios.

Cuando veo a cualquier Dios
bendiciendo sin pudor
una daga y un cañón,
un misil y un marine.

Cuando todo se coagula
porque huyeron los abrazos
pues la vida se distrajo
recordando una quimera.

Cuando veo lo que veo,
cuando siento lo que siento,
es mi tiempo de saber
que este día es la partida
y esta hora es la señal
de que he muerto un poco más.



Silencio...



Paso por los silencios como por inacabables campos floridos que me envuelven y me transportan en aromas dulces, tenues y persistentes.

Si en el disfrute del silencio el aire húmedo de las mañanas se parece a la suave caricia del amor; si cuando me abrazo al silencio, hasta el cielo que me cubre me sumerge en su eternidad.
Porque no es el silencio la ausencia de sonidos sino el universo de todos ellos en perfecta armonía; porque no hay idioma más completo ni verso más exquisito y no existe mayor absoluto que el silencio infinito de la mente, del íntimo universo, de la existencia misma...

Porque en silencio está mi alma cuando goza...


Reencuentro...


Como en íntima oración, vengo hasta aquí a traerte estas huellas de hoy. Las mismas de siempre. Aquellas que un día viste partir y las que un día volverán a tus faldas buscando un sueño profundo para otro nuevo despertar esperanzado…

No he venido a robar horizontes ni a subirme a las alas de tus gaviotas furtivas. Vengo a encontrarme con las almas que cobija tu vientre, madre de todos. A recuperar las voces amadas que guardas con celo en una antigua caracola que, como por casualidad, dejas a mis pies.
A devolverte un poco de sal con cada lágrima...